Librerías que molan

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Si esta fuera una entrada normal, os hablaría de las librerías con diseños imposibles. Pero hoy me apetecía orientar esta entrada hacia esa dirección que todos nos hemos aprendido alguna vez y ahora reproducimos sin pensar: el camino hasta nuestra librería preferida. Sí, así es. Quiero reivindicar la importancia de las tiendas pequeñas en cada ciudad. ¿Quién no conoce una o dos librerías pequeñas y acogedoras donde el personal es tan simpático que te dan ganas de abrazarlos o que te recomiendan sus libros preferidos cuando llegas y no sabes qué comprar?

Me gustaría que pensáramos más a menudo en las librerías locales. ¿Qué hacen para convertirse en lugares especiales? Para mí, se resume en una cosa: tratar con cercanía a los clientes. O incluso no tratarlos como clientes (en el sentido de venderles algo a toda costa) sino como conocidos que buscan próxima lectura o recomendaciones para regalos. Porque

En general, si no tengo lectura y estoy atascada en un aeropuerto, seguramente acabo comprando en la mítica Waterstones. Pero si me estoy dando el lujo de ir a comprar un libro porque me apetece, suelo ir, concretamente, a dos librerías. Las dos primeras están en Vitoria: una pertenece a una cadena nacional y solo voy de lunes a viernes en el turno de mañana porque hay una librera que me alegra los días. Así, sin más. La segunda se llama Anegón, un híbrido entre librería y papelería con capacidad para diez u once personas. ¡Pero conozco más en otras ciudades! Argot en Castellón, o la Gómez en Pamplona... Reconozco que tienen poco de lo que a mí me gusta, pero no tardan ni tres segundos en hacer un pedido.

Sé que esa disponibilidad inmediata y la atención al cliente personalizada forma parte de la estrategia de venta; las tiendas pequeñas deben afianzar clientes para sobrevivir. Si no, serán absorbidas por macrosupermercados que lo mismo te venden el último de Ken Follet que zapatillas de animales. Y que conste que me encantan las zapatillas de animales. La gran maldad de los grandes almacenes es que se saltarán las fechas de lanzamiento de juegos, libros y otras formas de ocio a veces sin pensar, otras para hacer la jodienda a la tienda especializada que está al final de la calle.

Puede que sea un gesto minúsculo hacia los vendedores que luchan por llevar su negocio a puerto, pero la vida está hecha de pequeños momentos, pequeñas acciones... Estas son las mías. Por eso os propongo llevar esta campaña más allá, a vuestros blogs, a facebook, a twitter... y que recomendéis con orgullo librerías que molan.

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